Disfrutando de algunas sorpresas en la provincia de Zaragoza

Si anteriormente habíamos mencionado un aspecto anecdótico que se puede observar en el parque del Moncayo de Zaragoza, no es impresionarse por este aspecto, ya que el mismo no es más que un efecto óptico que provoca este maravilloso paisaje y que para muchos, es simple magia al observar a su coche ir hacia atrás cuando el mismo se encuentra en un camino de bajada.

No es la única sorpresa con la que nos encontraremos en esta región de Zaragoza, ya que en los bajos de esta gran montaña del Moncayo nos encontraremos con el Monasterio Cisterciense de Veruela; se dice que tras estos muros tan gruesos que se pueden observar en el monasterio, se hallaban aquellos monjes tan austeros que decidieron dedicar su vida a la oración y abandonar a la vida mundana como una entrega completa de sus vidas a Dios. Todo este lugar para los monjes era un completo paraíso, ya que prácticamente no les faltaba nada, siendo esta la gran sorpresa para ellos y la vida que habían decidido adoptar.

Lugar paradisiaco dentro de Zaragoza

Lo tenían todo, ya que en esta región a más de ser fácil obtener madera y poder cazar libremente, el entorno se rodeaba de valles fértiles que favorecían inmensamente a la agricultura gracias a las aguas cristalinas y limpias que llegaban a regar estas tierras de Zaragoza. Todo ello aún puedes encontrar en este maravilloso lugar, visita obligada para quien ama la naturaleza, la paz y la tranquilidad luego de haber vivido en el mundanal ruido.

Cuenta una anécdota muy interesante que, en este lugar se llegó a alojar Gustavo Adolfo Bécquer, quien con su familia habría llegado al monasterio en el año de 1864 para tratarse de una enfermedad y así curarse de ella; anécdotas como estas hay muchas, las cuales nos llegaremos a integrar una vez que visitemos la región de Zaragoza y las escuchemos de los labios de sus propios habitantes.

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