Un paseo por el valle del Isábena

La brújula señala al norte de nuevo. Tras una larga jornada de ascensiones, el viajero necesita descansar. Cerca de nuestra ascensión, nos encontramos con el Valle del Isábena. Situado en el extremo oriental de la provincia de Huesca, su importancia histórica radica en el propio encalve. Los dos ríos entre los que se encuentra, le otorgan una importancia histórica que le convertía en el eje del antiguo condado.

casavalle

Esos vestigios históricos se perciben al admirar las ruinas de la catedral de Roda. Si se sigue el camino, un curioso caminante se podrá observar la impresionante sucesión de casas blasonadas, que cuidan el espacio y la intimidad por su disposición. Estas casetas parecen esconderse unas de otras, como si la civilización no existiese. Un buen espacio para rellenar la cantimplora y seguir con el camino. Los pequeños pueblos son el perfecto reclamo para el descanso del nómada. De empedrado medieval con los restos de fortalezas olvidadas en antiguas edades del mundo.
Al seguir el ribagorza, el peregrino se puede encontrar con las siete revueltas formadas por el río después del puente medieval de Capella. Sin duda, otro regalo para la vista. Esta localidad que sirve de portezuela para el valle sólo es el principio de una serie de enclaves que irán sorprendiendo al viajante en esta segunda jornada por los pirineos.

Muchos mundos en una sola jornada

Dos extraños que se encontrasen en una taberna podrían hablar de este valle durante horas sin saber que conversan acerca del mismo paraíso terrenal. Esta posible confusión se debe a la enorme influencia que tienen las estaciones del año. Desde febrero hasta noviembre, el valle adquiere tonalidades puras que le otorgan un cierto aspecto mágico que no perdura durante las estaciones frías y lluviosas. En invierno la sinfonía cromática desaparece con un aspecto más sombrío pero igual de inesperado.

Las botas pesan y el viajero busca cobijo para una nueva jornada.

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